Suplemento “Variedades”: el monumento a Manco Cápac cumple 100 años (cronica)

La icónica estatua dedicada al “padre de la raza”, en el distrito de La Victoria, fue una donación japonesa.

Monumento a Manco Cápac. Este año se reabrió luego de casi seis años la famosa plaza en La Victoria. ANDINA/Jhonel Rodríguez Robles

Monumento a Manco Cápac. Este año se reabrió luego de casi seis años la famosa plaza en La Victoria. ANDINA/Jhonel Rodríguez Robles

06:00 | Lima, abr. 10.

Escribe: José Vadillo Vila

Fotos: Jhonel Rodríguez + Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano
1. 
A las 11 de la mañana del domingo 4 de abril de hace un siglo, domingo de Pascua, la ceremonia de inauguración de la estatua dedicada al “primer inca peruano”, al “primer fundador de la nación peruana”, al inca Manco Cápac, se inició con una parada militar.  

La estatua no se ubicaba en la plaza que lleva hoy su nombre, sino a unos 400 metros. En el cruce de las avenidas Grau y Manco Cápac (entonces Av. Santa Teresa), existía un pequeño parque donde se arregló un estrado para el presidente de la República, Augusto B. Leguía, su comitiva oficial, la comisión de la colonia japonesa y el alcalde de Lima, Andrés Dasso. Esa zona ya se consideraba en los extramuros de la ciudad. 

El entonces ministro de Fomento, Dr. Pedro José Rada y Gamio, hombre que tendría diversos cargos durante el oncenio de Leguía, fue uno de los que ofreció un “vibrante” discurso. El monseñor Emilio Lissón, arzobispo de Lima, parecía apurado: bendijo brevemente el monumento mientras la masa que se había congregado daba vivas al Perú y Japón.  

Fue un día soleado y Leguía, sin quitarse su sombrero de copa, junto con el ministro plenipotenciario del Japón, Keichi Yamsaki, se encargó de descorrer el velo que cubría la estatua del “gigante de la raza”. 


2. 
Todas las colonias extranjeras afincadas en el país ya habían dado sus muestras de afecto al Perú en el centenario de su independencia (1924). Incluso España había regalado el arco morisco, ubicado originalmente al inicio de la avenida Arequipa, entonces avenida Leguía. 

Los más de seis mil ciudadanos japoneses residentes en el Perú no quisieron quedarse atrás y obsequiaron el monumento “al padre de la raza”. Sería el último que recibiría el país por sus fiestas centenarias.  
El 15 de agosto de 1922 se colocó la primera piedra del monumento. Al escultor David Lozano le tomaría un quinquenio culminar la obra, lo que provocó diversos momentos de mucha tensión con el comité organizador de la colonia japonesa que presidía el señor Ychitaro Morimoto, quien, felizmente, comprendía al artista. 


Cuando le tocó dar las palabras, hace 100 años, Morimoto destacó el trabajo de Lozano: “Sus esfuerzos por perfeccionar el monumento eran enormes y cuando encontraba un pequeño defecto en la obra lo destruía para comenzar de nuevo con gran optimismo. Yo que he frecuentado diariamente su taller de artista me he podido dar perfecta cuenta de su voluntad de acero, de su fe ardorosa y de su gran constancia.  El me repetía a menudo: “Señor Morimoto, este monumento nunca quedará mal”. 

Lozano no solo tuvo que modificar su taller para cumplir con la tarea, sino también tuvo que montar otro más amplio para poder trabajar en el monumento de casi seis metros de altura. Lozano trabajó de la mano de Benjamín Mendizábal, quien se encargó de hacer la base del monumento coronado por el inca, donde también, a los costados, hay dos cóndores y una llama.

Desde el Callao, Dora Mayer de Zulen escribió en La Crónica un extenso panegírico donde resaltaba el rol de la inmigración y el comercio entre el Perú y país del Sol Naciente en esa década de 1920.

Finalmente, señalaba: “El indio peruano es un pueblo que marcha por el valle de las lágrimas buscando la aurora prometida, que a nadie jamás es negada. En último resumen, todos los pueblos son hijos del Sol, que no han olvidado del Isma que les dijo su padre para que entre sí renazcan su hermandad”.  


3. 
Este Manco Cápac de granito necesita de un otorrinolaringólogo. El monumento tiene problemas auditivos a punta de los bocinazos. Ya los trabajos de la futura estación n.° 14 de la Línea 2 del Metro de Lima –el tren que unirá Ate con el Callao en solo 45 minutos–, la estación Manco Cápac, han avanzado en más del 90 % y el ala de la plaza que colinda con la avenida 28 de julio ha sido rehabilitado para el tránsito vehicular. Después de casi seis años, más de 6 mil metros cuadrados de la plaza Manco Cápac han vuelto a abrirse al público. 

La gestión municipal liderada por el alcalde victoriano Rubén Cano Altez se encuentra dando los acabados a los trabajos de embellecimiento de la histórica plaza, de sus fuentes de agua, de su “explanada chica”, que continúa siendo referencial para miles de peruanos que llegan desde provincia o para extranjeros. Es el primer espacio público que visitan cuando llegan a las terminales terrestres –formales e informales– que hay en La Victoria y que se asocian con Lima. 

Sí, la plaza de nombre inca es la primera relación con lo limeño y uno de los espacios más concurridos en la capital. Es el único lugar limeño que tiene en su monumento central a un inca. También ha sido eternizado en el cancionero popular y la literatura peruana. 

En el año 2013 se reinauguró la plaza después de años de caos, a merced del meretricio y la delincuencia. Y en el año 2020, en plena pandemia, la colonia del distrito de Ollaraya (provincia de Yunguyo, Puno) al conmemorarse el centenario del distrito de La Victoria, donó el mástil que es considerado el más alto del país, donde flameó, hasta marzo, cada lunes de mes, el Pabellón Nacional más grande del Perú. 

4. 
El templo de Nuestra Señora de las Victorias acompaña y bendice desde la avenida 28 de julio a la plaza. En la esquina de Bausate y Mesa con 28 de julio está la municipalidad de La Victoria y frente a ella la pollería Vicky, que fue también punto espacio de promoción de muchos folcloristas. 

En la avenida Manco Cápac el Centro de Alimentación y Nutrición n.° 3 ofrece desayunos a S/ 1 y almuerzos a S/ 2 a decenas de peruanos de bolsillos vacíos, que hacen su cola temprano para alcanzar cupos de comida subsidiada por el Estado. 

Donde antes se levantó el cine de barrio Olimpo, hoy lo reemplaza una cadena de supermercados y la institución educativa República de Panamá continúa formando nuevas generaciones de victorianos. 

En su ubicación original, Manco Cápac apuntaba al Japón. Cuando se mudó en 1940 a la plaza que lleva su nombre, algunos, como Vargas Llosa, dicen que el inca señala Huatica, el viejo jirón concurrido por varones para desfogar las bajas pasiones. Otros aseguran que busca con el índice las cumbres del cerro San Cristóbal y el futuro de los peruanos.

Datos: 
• La colonia japonesa se afincó en el Perú desde 1900, aproximadamente.  
• Después de 11 reuniones, la Sociedad Central Japonesa, en mayo de 1921, se decidió por el proyecto de un monumento “al prócer de la antigua y admirable civilización incaica” como obsequio al Perú por el centenario de su independencia. 
• Tras estudiar las maquetas, eligieron al artista David Lozano para que realice la obra. 
• En marzo de 1922 se eligió el cruce de las avenidas Grau y Santa Teresa (hoy Manco Cápac) para la instalación del monumento. 
•  La colonia japonesa también obsequió por el centenario de la independencia: una glorieta en La Victoria, un “play ground” en Huacho, una torre y su respectivo reloj en la Hacienda San Nicolás (Supe).

Cifras:
10 mil libras recaudó en 3 meses la Sociedad Central japonesa para construir el monumento.  

20 mil 468 m² es el área total de la plaza Manco Cápac.   

(FIN) JVV/JVV




Publicado: 11/4/2026