Pensión 65: conoce a Lidia Canayo Aricara, artesana mística y sabia de Loreto

Elabora jarrones, floreros, platos, ollas y otros, con arcilla o barro que recoge de las cabeceras del río

16:30 | Lima, mar. 14.

En el centro poblado Santo Tomas, ubicado en el distrito de San Juan Bautista, en la provincia de Maynas, departamento de Loreto, se encuentra la maestra Lidia Canayo Aricara, de 82 años, una adulta mayor que transmite el concepto del ciclo de la vida y la resurrección en majestuosas piezas artesanales, en base a la arcilla y cenizas de la corteza del místico árbol apacharama.

Mientras lija uno de sus trabajos, reflexiona sobre la misión que tenemos en la tierra: “dejar huella para seguir presentes”. Con una mirada inocente, pero decidida, que refleja su resiliencia al superar más de una adversidad; comenta que cada persona nace, crece y, antes de morir, genera un impacto en otros, transformándose en un recuerdo transcendental.


La sabia, quien forma parte del programa Pensión 65 del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), elabora jarrones, floreros, platos, ollas, alcancías y otros, con arcilla o barro, que recoge de las cabeceras del río, y que combina con un componente que se comparte en cada generación de las comunidades de los pueblos indígenas u originarios, Kukama - Kukamiria y Shipibo - Konibo.


“Cuando tenía 17 años, mi mamá me enseñó el valor de la corteza de la apacharama y fui testigo de cómo sus cenizas daban firmeza al barro para que no se quiebre o estalle en el horno”, detalla la octogenaria, señalando algunas tazas y vasijas.


La sabia agrega que las cenizas actúan como un desengrasante natural y da mayor firmeza a sus piezas, así como a los ladrillos que se usan en algunas localidades. “De esta forma se cumple el ciclo de la vida. Al final, nuestras cenizas ayudan a fortalecer lo que nos rodea”, piensa la artesana y vuelve a lo suyo.

Bajo esa cosmovisión, confiesa que su fuerza ha disminuido un poco con el paso del tiempo, pero aún mantiene una vitalidad que le impulsa a seguir adelante, con la misión de compartir sus habilidades y técnicas culturales a los más jóvenes de su centro poblado.

Herencia espiritual


Para doña Lidia, sus habilidades parten de la herencia espiritual que le dejó su madre, Adelina Aricara Jaramillo, y la pasión por el trabajo que le inculcó su padre, Antonio Canayo Manuyama.


Somos ocho en total, cinco mujeres y tres hombres. Los varones apoyaban en el campo a mi papá, mientras mi mamita me enseñó sus técnicas. La miraba todos los días. Una tarde me animé, ella me trajo la arcilla y me mostró cómo sacar las cenizas de la apacharama”, recuerda.

Sus productos los vende en su vivienda, al frente de la plaza del centro poblado Santo Tomas, donde su hija la ayuda. También exhibe sus piezas en las ferias que organiza el programa Pensión 65 del Midis con el gobierno local, a través de la Intervención Saberes Productivos.


Todo estamos aquí por un motivo, como estas cenizas mágicas”, concluye la artesana, quien seguirá manteniendo una bella herencia ancestral en Iquitos.

Primer trabajo


La adulta mayor es reconocida por sus vecinos, pobladores de otras zonas y turistas. Sus productos son considerados como un ejemplo de la riqueza cultural de la selva peruana. Por eso, con una humildad innata, recuerda su primer trabajo. “Mi mamá me pidió hacer una maceta y lo hice muy gruesa, pero ella me tuvo paciencia y me explicó, hasta que luego se sorprendió de lo que hacía”, finaliza, mientras se le dibuja una tierna sonrisa en el rostro.


(FIN) NDP/LZD


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Publicado: 14/3/2026